PASIÓN VOLUNTARIAMENTE ACEPTADA
Cuando sonríes amanece de nuevo.
Sacrílego
impongo las manos bendiciendo tu carne:
el terciopelo vino de tu pasión
se ha derramado donde la noche.
Hemos ascendido luego
sobre aleteantes cálidas palomas.
Armiño vivo nos cobija y tiende
suave marea en inquietante calma.
No estoy hecho a la cera:
quiero tragarme sin pausa tu voz,
vendaval que desafía antiguos ritos,
y abre cajas y rompe velas, y…
la espuma es ya recuerdo de pleamar;
pero avisos nuevos de tormenta llena
acechan en el fondo de tus ojos.
Una ola murmura mi nombre:
verás, si no dispones otra cosa,
furia ciega cabalgar sobre doradas crestas.
lunes, 27 de octubre de 2008
viernes, 3 de octubre de 2008
COMO EL PERICO
Qué tristeza. Ser joven antes significaba audacia, alguna irresponsabilidad que se corregía con los años. Los muchachos que de manera descortés se dirigieron a gritos a nuestro Presidente hicieron uso, hasta la grosería y el libertinaje, del derecho de expresión que todos los ciudadanos gozamos en este país.
Ignoro los méritos que les hayan valido para ser premiados o invitados a la ceremonia; pero una cosa es cierta: el acto que llevaron a cabo, y por el que no recibieron sanción alguna, por sí mismo descalifica el motivo de su protesta.
Es evidente que por su edad no pudieron participar en nuestros recientes procesos electorales para tener idea de la validez de éstos; repiten como el perico consignas producto de la desinformación y de una malformación ideológica tal vez inculcada por adultos ignorantes y rencorosos.
Desaprovecharon una magnífica oportunidad para decir o hacer algo inteligente, lo que tanta falta nos hace en México en los tiempos que corren.
A pesar de sus quizá excelentes calificaciones, ambos merecen un rotundísimo cero en educación.
Ignoro los méritos que les hayan valido para ser premiados o invitados a la ceremonia; pero una cosa es cierta: el acto que llevaron a cabo, y por el que no recibieron sanción alguna, por sí mismo descalifica el motivo de su protesta.
Es evidente que por su edad no pudieron participar en nuestros recientes procesos electorales para tener idea de la validez de éstos; repiten como el perico consignas producto de la desinformación y de una malformación ideológica tal vez inculcada por adultos ignorantes y rencorosos.
Desaprovecharon una magnífica oportunidad para decir o hacer algo inteligente, lo que tanta falta nos hace en México en los tiempos que corren.
A pesar de sus quizá excelentes calificaciones, ambos merecen un rotundísimo cero en educación.
sábado, 13 de septiembre de 2008
¡ PERO A QUIÉN SE LE OCURRE...!
En Tlalnepantla, Estado de México, el gobierno municipal está a punto de realizar un grave atentado contra el patrimonio cultural y ecológico de los ciudadanos.
Han bardeado con láminas metálicas la mitad de la Plaza Cívica para construir en ese lugar un centro comercial con estacionamiento.
Lo grave es que dicha Alameda está sembrada con árboles, algunos con más de un siglo de existencia, que aparentemente serán derribados en secreto, no importa si todos o unos cuantos, para ceder el paso a la "modernidad".
Qué poco respeto tienen por la historia nuestros gobernantes: no me puedo imaginar ninguna cantidad de dinero que compre la conciencia de ningún Cabildo para autorizar una monstruosidad así, habiendo en todo el centro de Tlalnepantla construcciones y vecindades ruinosas que bien podrían rescatarse para el mismo fin, como se hace en países civilizados.
Estos ignorantes piensan en términos meramente mercantiles: seguramente les pareció que en ese sitio había un gran espacio desaprovechado, y hacen a un lado cualquier consideración de tipo histórico, estético o de esparcimiento para la comunidad.
Si por sus obras los conoceréis, en Tlalnepantla actualmente nos gobiernan cavernícolas.
Han bardeado con láminas metálicas la mitad de la Plaza Cívica para construir en ese lugar un centro comercial con estacionamiento.
Lo grave es que dicha Alameda está sembrada con árboles, algunos con más de un siglo de existencia, que aparentemente serán derribados en secreto, no importa si todos o unos cuantos, para ceder el paso a la "modernidad".
Qué poco respeto tienen por la historia nuestros gobernantes: no me puedo imaginar ninguna cantidad de dinero que compre la conciencia de ningún Cabildo para autorizar una monstruosidad así, habiendo en todo el centro de Tlalnepantla construcciones y vecindades ruinosas que bien podrían rescatarse para el mismo fin, como se hace en países civilizados.
Estos ignorantes piensan en términos meramente mercantiles: seguramente les pareció que en ese sitio había un gran espacio desaprovechado, y hacen a un lado cualquier consideración de tipo histórico, estético o de esparcimiento para la comunidad.
Si por sus obras los conoceréis, en Tlalnepantla actualmente nos gobiernan cavernícolas.
martes, 19 de agosto de 2008
lunes, 18 de agosto de 2008
PARA QUE LA PIENSEN
Si entre las cuestiones de fondo en cuanto a la inseguridad que priva en nuestro país se encuentran la inoperatividad y corrupción del sistema penitenciario que permite que los delincuentes salgan una y otra vez de la cárcel a placer; o que desde los reclusorios mismos operen bandas dedicadas al secuestro o a la extorsión, yo propongo lo siguiente:
Aislamiento total, en celdas individuales, de los delincuentes que se hayan asociado para cometer delitos.
Me refiero a castigar a los que hayan cometido delitos mayores (secuestro, violación, lesiones, narcotráfico, asaltos, etc.) con una privación de la libertad efectiva, que en los hechos les rompa cualquier vínculo afectivo, familiar, social o económico.
Privarlos de los encuentros conyugales, limitar a dos o tres veces por año las visitas personales, tener cero convivencia con otros reos o con sus guardianes; no televisión, no radio, no teléfono, no periódicos, no computadora; muchos libros, eso sí.
Si acaso, y a solicitud de los sentenciados, realizar algún tipo de trabajo o ejercicio productivo en su celda (ejemplo: generación de electricidad, cultivo de hortalizas), como terapia individual que retribuya al Estado los gastos que origina la estancia del delincuente en el reclusorio, así como en alguna medida pague los daños que hubiere causado a la sociedad.
La situación actual de nuestras cárceles hace que estos centros en la práctica operen como verdaderas universidades del crimen. En circunstancias de convivencia los reclusos no tienen la menor posibilidad, ni la intención, de regenerarse.
Una estancia de meses o años en cárceles con aislamiento total, dependiendo del tipo de delito cometido por el reo, constituiría administrativa y económicamente una carga menor para nuestros gobiernos, mejoraría las condiciones de salubridad en los reclusorios, neutralizaría de manera emocional y psicológica a los delincuentes, y disminuiría las posibilidades de corrupción y motines.
La perspectiva de delinquir y ser condenado a una situación de aislamiento total, generaría verdadero pavor a la mayoría de la población, por todo lo que implica para la persona como ente social, aún cuando ésta fuese un delincuente nato.
Con todo y la dureza que implica, este tipo de castigo sería humanitario y efectivo pues preservaría la vida del delincuente dándole la oportunidad de la reflexión y una mayor posibilidad de regeneración, evitando la reincidencia después de ser liberado.
Protegería y retribuiría más a la sociedad que cualquier sentencia de cadena perpetua: esto último se reservaría quizá sólo para ciertos homicidas.
Aislamiento total, en celdas individuales, de los delincuentes que se hayan asociado para cometer delitos.
Me refiero a castigar a los que hayan cometido delitos mayores (secuestro, violación, lesiones, narcotráfico, asaltos, etc.) con una privación de la libertad efectiva, que en los hechos les rompa cualquier vínculo afectivo, familiar, social o económico.
Privarlos de los encuentros conyugales, limitar a dos o tres veces por año las visitas personales, tener cero convivencia con otros reos o con sus guardianes; no televisión, no radio, no teléfono, no periódicos, no computadora; muchos libros, eso sí.
Si acaso, y a solicitud de los sentenciados, realizar algún tipo de trabajo o ejercicio productivo en su celda (ejemplo: generación de electricidad, cultivo de hortalizas), como terapia individual que retribuya al Estado los gastos que origina la estancia del delincuente en el reclusorio, así como en alguna medida pague los daños que hubiere causado a la sociedad.
La situación actual de nuestras cárceles hace que estos centros en la práctica operen como verdaderas universidades del crimen. En circunstancias de convivencia los reclusos no tienen la menor posibilidad, ni la intención, de regenerarse.
Una estancia de meses o años en cárceles con aislamiento total, dependiendo del tipo de delito cometido por el reo, constituiría administrativa y económicamente una carga menor para nuestros gobiernos, mejoraría las condiciones de salubridad en los reclusorios, neutralizaría de manera emocional y psicológica a los delincuentes, y disminuiría las posibilidades de corrupción y motines.
La perspectiva de delinquir y ser condenado a una situación de aislamiento total, generaría verdadero pavor a la mayoría de la población, por todo lo que implica para la persona como ente social, aún cuando ésta fuese un delincuente nato.
Con todo y la dureza que implica, este tipo de castigo sería humanitario y efectivo pues preservaría la vida del delincuente dándole la oportunidad de la reflexión y una mayor posibilidad de regeneración, evitando la reincidencia después de ser liberado.
Protegería y retribuiría más a la sociedad que cualquier sentencia de cadena perpetua: esto último se reservaría quizá sólo para ciertos homicidas.
martes, 5 de agosto de 2008
Pena de muerte: irremediablemente injusta
Cíclicamente surge la polémica: pena de muerte, ¿sí o no? En estos días, cuando a todos ha causado indignación el secuestro y asesinato de un joven de catorce años (e imagino que no pocos hemos tenido el vergonzante sentimiento de desear la muerte de aquel o aquellos que hayan cometido dicho crimen), no han faltado hasta legisladores que colocan de nuevo el tema sobre la mesa.
Por otra parte, como mexicanos hemos estado pendientes de la sentencia de muerte que en Texas pesa sobre un connacional; y estoy seguro que más allá de cualquier presunción de inocencia o culpabilidad, o deficiencias en el proceso, todos nos hemos sentido consternados ante la sola posibilidad de la ejecución de esta persona.
Para mí la lección es clara: si existiera en México la pena de muerte, por más terrible que pudiera ser un crimen, o por más evidente que fuese la culpabilidad de alguien, nuestro sistema judicial, por su misma naturaleza humana, eventualmente podría cometer una irreparable injusticia en la persona de un inocente.
Considero que sólo por esa posibilidad: la de un error o un abuso, sólo por ese probable inocente condenado, no tiene sentido instaurar en México la pena de muerte; ni debería tener cabida en ningún país del mundo que se precie de ser humanitario o democrático.
Por otra parte, como mexicanos hemos estado pendientes de la sentencia de muerte que en Texas pesa sobre un connacional; y estoy seguro que más allá de cualquier presunción de inocencia o culpabilidad, o deficiencias en el proceso, todos nos hemos sentido consternados ante la sola posibilidad de la ejecución de esta persona.
Para mí la lección es clara: si existiera en México la pena de muerte, por más terrible que pudiera ser un crimen, o por más evidente que fuese la culpabilidad de alguien, nuestro sistema judicial, por su misma naturaleza humana, eventualmente podría cometer una irreparable injusticia en la persona de un inocente.
Considero que sólo por esa posibilidad: la de un error o un abuso, sólo por ese probable inocente condenado, no tiene sentido instaurar en México la pena de muerte; ni debería tener cabida en ningún país del mundo que se precie de ser humanitario o democrático.
viernes, 1 de agosto de 2008
A LA MUERTE DE DOS POETAS
Que el mundo se acabó es un hecho:
cuánta gente ha muerto.
Quedamos nosotros
esgrimiendo pomposamente
nuestra irrealidad a cuestas,
sintiéndonos soñados.
cuánta gente ha muerto.
Quedamos nosotros
esgrimiendo pomposamente
nuestra irrealidad a cuestas,
sintiéndonos soñados.
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