domingo, 10 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
OCCUPY TIMES SQUARE
Siempre he pensado que las manifestaciones públicas realizadas a través de concentraciones masivas, son poco eficaces como medio para obtener soluciones a los problemas derivados de la incompetencia, corrupción o indiferencia de los "de arriba".
No obstante, es inevitable que una y otra vez, el grueso de las personas, por ignorancia, desesperación o bien por una inercia compartida, se integren a un sentimiento gregario que despoja momentáneamente a los individuos de su personalidad para convertirlos en masa dúctil de emociones y consignas.
Muchas veces estas protestas, además de inútiles y poco inteligentes, dan lugar a verdaderas tragedias cuando cualquiera de las partes en conflicto rebasa el delgado umbral de la violencia. Legítima o no, legal o no, la fuerza prevalecerá sobre la razón con la frustración consiguiente, en el mejor de los casos.
Pero es como querer que la gente no salga de vacaciones y ahorre porque todos estamos endeudados: nadie tiene por qué hacerlo si lo que importa es vivir, no importa el costo. Y eso incluye el destrampe.
Esto, entre muchas otras cosas, me vino a cuento leyendo Cosmopolis de Don de Lillo. Confieso que nunca había leído nada de este autor, mucho menos en inglés. Lo escogí precisamente como una manera de incursionar en la lectura de la novela norteamericana contemporánea, interactuando a la vez con la ciudad en la que resido.
Si la primera impresión es la que cuenta, compro la ambigüedad con la que se expresan los personajes en sus diálogos. Preguntas que originan respuestas que son preguntas, o que contestan otras cosas. Sería imposible que en la vida real se llevasen a cabo conversaciones a la manera en que las pinta de Lillo (O no sé. ¿En Nueva York, tal vez?). Sé que hay película, y me urge ver la cara que pone una persona que dice "Necesito un corte de cabello" cuando le contestan "El presidente está en la ciudad".
Aparte de eso, verla para terminar de definir quién dijo qué, pues de manera intencional el autor deja en la vaguedad o a discreción del lector inferir para asignar correctamente las frases a cada uno de los personajes. Lo cual en última instancia, para esta novela, es irrelevante dada la interconexión simbólica entre éstos y los acontecimientos que van sucediendo en ella.
Dejo esta cita de un diálogo que capturó mi atención, traducida por mí, esperando haberle dado una interpretación decente. Se refiere a una escena en la que miles de adolescentes anarquistas realizan una especie de performance en Times Square, el cual deriva en desmanes. La protesta es contra la especulación en los mercados financieros que está ahogando sus vidas (Hay qué conceder a de Lillo el don de la premonición o tal vez el de la persuasión, pues su novela fue publicada en 2003):
"...¿Cuál es la falla en la racionalidad humana?
Él dijo "¿Cuál?"
" Que pretende ignorar el horror y la muerte al final de los esquemas que construye. Esta es una protesta contra el futuro. Ellos quieren contener el futuro. Quieren normalizarlo, guardarlo para que no arrolle al presente".
martes, 15 de enero de 2013
Examen de Grado por Teleconferencia
El lunes 14 de enero de 2013, a las 17:00 horas, presenté finalmente mi examen de grado de la Maestría en Artes Visuales, que estudié en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, en las instalaciones de la Academia de San Carlos de la Ciudad de México.
Para realizarlo conté con el apoyo de mi directora de tesis, la doctora Luz del Carmen Vilchis Esquivel, quien de paso comento, es autora de varios de los más importantes libros en materia de diseño gráfico en México. Estuvieron también presentes mis sinodales, los maestros Elia del Carmen Morales González y Gerardo Gómez Romero.
El procedimiento se llevó a cabo, por primera ocasión en la historia de San Carlos, de manera remota a través de la tecnología audiovisual mediante un enlace entre la Escuela ubicada en el Distrito Federal y el Consulado General de México en Nueva York.
Resolviendo algunas situaciones propias de la distancia gracias al apoyo del personal administrativo de la Academia, así como también gracias a la amabilidad del Cónsul General de México, Carlos M. Sada, y su personal, quienes me proporcionaron todos los elementos necesarios para la realización del procedimiento, el cual se llevó a feliz término con resultado aprobatorio.
El tema de mi tesis, iniciada hace casi treinta años, pero cuyo contenido, pruebas y bibliografía actualicé en el transcurso de 2011, es el "Simbolismo de los Colores en la Población Urbana de la Ciudad de México".
En las fotografías, tomadas por el personal del Consulado, aparezco en la sala de teleconferencias de esa representación de México, en el momento en que me es tomada la protesta universitaria por parte de mis sinodales.
lunes, 31 de diciembre de 2012
ALBERTO REICHERT PULS
Lo recuerdo con esa sonrisa enigmática. A veces, casi siempre, la sonrisa condescendiente del que sabe más que uno. Otras veces, feliz de haber encontrado en un comentario o consejo la solución al problema que en ese momento le aquejaba y compartía con uno.
Parco en el hablar, las emociones desbordadas se le entrecruzaban con sus altos razonamientos. La única pista a seguir eran los cambios de color en su rostro, que iban del rosa pálido al rojo intenso, según fueran la tristeza, el enojo o las alegrías.
Íbamos en su camioneta, cantando hacia la selva, escuchando un cassette con una de esas cumbias tropicales que tanto le agradaban: río Papaloapan, que te la pasas viajando...
En alguna brecha nos internamos. Pura terracería. Si le preguntabas, sólo te miraba y seguía manejando a pesar de que parecía que la selva se nos cerraba por momentos. ¿A dónde íbamos? Puro misterio. Así era y estaba bien ¿qué más podía pedir un citadino que una aventura como esa?
Era tarde y empezaba a oscurecer. Yo suponía que en algún punto teníamos qué pararnos y acampar, pero él seguía manejando, ahora tal vez un poco más lento, dando tumbos, esquivando charcos.
En alguna vuelta comencé a distinguir sombras y brillos entre el follaje. Alberto disminuyó la marcha. ¿Qué pasa, le pregunté? Por toda respuesta, apagó el motor y en silencio se bajó de la camioneta. Me alarmé y comencé a abrir la puerta de mi lado.
La selva se abrió dando paso a una extraña colección de personajes armados y barbados, no precisamente en ropa de gala, que escopetas y machetes en mano se aproximaban a nosotros.
Como Alberto no decía nada, yo me refugié de inmediato atrás de la camioneta, esperando no ser visto. Alberto se dirigió hacia ellos. Pensé que era una maniobra defensiva, alguna negociación antes de entregarles las llaves de la camioneta, las escopetas, las hieleras con comida, todo.
Buscando no hacer ruido me aventé detrás de algún arbusto esperando no llamar demasiado la atención. Repasé mentalmente nuestra probable ubicación. Iba a tomar días que nos encontraran...si salíamos de aquello.
Escondido detrás de unas ramas, observaba angustiado. Aquella pequeña turba armada seguía caminando hacia Alberto, quien se detuvo en algún claro de la brecha. Instantes después, el que iba más adelante soltó un grito que resonó por toda la selva: "¡Ingeniero!" Y comenzaron los abrazos jubilosos de los cazadores.
Alberto se rió mucho cuando me vio salir de mi escondite. Y por años contó la anécdota.
Así era él: juguetón, impredecible.
Pero "El corazón atiende razones que la razón no entiende", -como él mismo nos decía siempre-, y el pasado 18 de octubre Alberto tomó una decisión inentendible, quizá explicable sólo a la luz de las razones de su corazón.
Aunque yo siempre lo recordaré sonriendo.
Dejo de él esta foto que se tomó en el río Candelaria en Campeche, y que me envió a mediados de 2012:
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Ultrasonidos, poesía en Amazon y Kindle
Ya llegó, ya está aquí. Tengo el gusto de informar a los lectores de estas páginas, -pues a diario tengo reporte de visitas, aunque muy pocas veces dejen comentarios- que se encuentra publicado y disponible mi más reciente libro de poesía, titulado Ultrasonidos.
Para estar en concordancia con los tiempos que corren, en esta ocasión he optado por realizar la publicación en internet a través de Amazon y de Kindle.
¿Cómo funciona eso? Bueno, el libro en su versión impresa puede solicitarse por paquetería a través de la página de Amazon.com, buscándolo por autor o por título; o si se prefiere, se puede descargar la versión digital, también por internet, en la página de Kindle.com por el equivalente a 1(UN) dólar.
Los libros de Amazon son enviados a partir de un ejemplar, a la dirección del solicitante.
En cuanto a Kindle, con sorpresa descubro que se publica poesía mexicana bajo la clasificación "Caribe y Latinoamérica". Eso no le hace justicia a un país como el nuestro, que por méritos probados y sobrados debiera tener un apartado propio. A ver si el licenciado nos arregla eso...
Para los que tengan dudas en invertir 13 pesos en un libro, pueden ver un adelanto del mismo en las páginas de internet señaladas. Y a quienes lleguen a comprarlo, mi agradecimiento esperando disfruten de lo ahí escrito.
http://www.amazon.com/
miércoles, 28 de noviembre de 2012
CHINA 2012
Hace
treinta años, cuando Den Xiaoping tomó el liderazgo de China tras la muerte de
Mao, ideó el concepto de "economía socialista de mercado", y derogó
más de 400 leyes que impedían o penalizaban el libre intercambio de bienes y
servicios.
A
partir de eso, elaboró un plan piloto de aplicación regional de sus
reformas, que implicaban cambios en la vida de las personas y comunidades
acostumbradas a depender enteramente del gobierno central.
En no
más de algunos meses, el ambicioso experimento de Den Xiaoping se extendió a todo el
territorio chino, lo que llevó al país a terminar con la pobreza extrema en una
década, para luego colocarlo en la antesala de constituirse como el más poderoso
del mundo, con una floreciente población de clase media que se incrementa
exponencialmente cada año.
Al día
de hoy, viajar por China es asombrarse por la calidad y lo ordenado de sus limpias
carreteras adornadas con camellones floridos a lo largo de kilómetros y kilómetros; por sus vías acuáticas
perfectamente encajonadas y limpias; por sus miles y miles de edificios,
puentes y distribuidores viales de diseño ultramoderno hasta lo chocante; por la
señalización con caracteres chinos y occidentales, traducida al inglés hasta en
los poblados más alejados o modestos; por la profusión de tiendas con artículos
de buen diseño chino, así como por las enormes sucursales del capitalismo y del
exceso tipo Mc Donalds, Dior o Mercedes Benz que hay en todas partes, -pero
sólo aquí en esas cantidades y tamaños-, atestadas de clientela comprando.
No
obstante lo gigantesco del territorio, la población ha sido trasladada del
campo hacia conglomerados que por sus dimensiones y arreglo desafían el concepto
convencional de una ciudad. Un ejemplo es Chunking, ubicada a orillas del río
Yangtzé, con 30 millones de habitantes: se puede navegar durante dos días seguidos
en barco y pasar por debajo de treinta puentes como los de Nueva York o San
Francisco antes de salir de su límite urbano.
No nos
engañemos: la China milenaria, la de los programas de televisión como Kung Fú o
la de las películas como El Último Emperador; el reino mágico de los poetas,
los dragones y las princesas, la de los gongs y los personajes de trenza enfundados
en trajes amarillos, aquella de los Viajes de Marco Polo; la de los artesanos y
la de los sabios calígrafos, la de pagodas pintadas de rojo con techos dorados,
la de la Gran Muralla -en realidad fueron Murallas-, fue arrasada con el
advenimiento del comunismo, y todos sus emblemas sistemáticamente eliminados en
los largos años de la dictadura de Mao, en aras de la absurda búsqueda del
Hombre Nuevo.
Mucho
de lo que queda de la arquitectura tradicional corresponde a reconstrucciones
minuciosamente efectuadas en los últimos veinte años; los hutong o barrios tradicionales, varios de ellos auténticos
referentes históricos ("En esta casa nació Wen Xiu, esposa de Puyi, quien
sería el Último Emperador de China...") están siendo demolidos sin
sonrojos para construir multifamiliares.
Del
mobiliario antiguo apenas y han sido rescatadas algunas piezas despojadas de
ornamentos; de las artesanías, sólo hasta hace poco se han ido reintegrando
aquí y allá los viejos talleres y sus maestros para recuperar lo que de
tradición dejaron las sucesivas y sangrientas oleadas de "revoluciones"
culturales y educativas.
Existen
además numerosos problemas que no se han atendido debidamente, como el
deterioro ambiental (adiós al esturión con la construcción de la presa de Las
Tres Gargantas, el aire de Beijing es irrespirable), el obsoleto e ineficiente
sistema de salud (en muchos lugares es imposible encontrar un médico o farmacias
con medicina occidental, abundan sin embargo las boticas con menjunjes tipo
pomada de tigre) o una agricultura todavía parcelaria (y cada vez son menos
quienes pueden dedicarse a sembrar o cosechar personalmente el arroz en las
tierras familiares).
A pesar
de lo anterior, y no obstante la falta de libertad en las comunicaciones (no
hay acceso a Facebook ni a YouTube y es imposible enviar fotografías como
archivos adjuntos en Yahoo) o la
corrupción rampante de sus políticos (documentada ampliamente hace unos
semanas en el New York Times, cosa que ofendió a la dirigencia), China se ha
transformado de manera irreversible en un país moderno donde en unos cuantos
años más se situará el polo económico, así como posiblemente también, el centro
cultural del planeta.
sábado, 24 de noviembre de 2012
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